Eleázar Adolfo Molina.

Un viaje por las letras de Eleázar Adolfo Molina. Escritor de narrativa y algunas otras cosas. Autor de Canto Nocturno (2018) y Pesadillas de un espantapájaros (2011). Miembro de Testosterona Literaria. Cofundador de Diario de Los Altos.

sábado, 2 de marzo de 2013

De la gloria del olivo.

 

En cuanto el helicóptero despegó, las campanas de la Basílica de San Pedro despidieron al Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, Benedicto XVI. El último Papa en renunciar fue antes del descubrimiento de América. Al momento de escuchar las campanas de la basílica vía televisión, el corazón se me hizo como una pasa, se arrugó, se estremeció; fue entonces cuando a través de la fiebre que me aqueja, pude entender la magnitud del suceso que ha acontecido el día de hoy. Lo que en una fiesta de los peregrinos se celebra, siento y pienso, qué es la seguridad de que la iglesia va a continuar. Continúa con su peregrinaje a través del tiempo. Hay tormentas, el mismo Santo Padre lo mencionó ayer mientras meditaba sobre su pontificado en una plaza totalmente llena: “Ha sido un trato de camino de la Iglesia que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca sobre el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en los que la pesca ha sido abundante; y ha habido también momentos en los que las aguas estaban agitadas y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir.”
 




El vuelo del Papa por Roma fue seguido quizás por todo el planeta. Un vuelo melancólico y nostálgico. El acto de renuncia fue consumado a las 20 horas de Roma, 1 de la tarde de mi Guatemala. Con un gesto sencillo y sin tanta pompa, con elegancia y humildad como han sido estos 8 años de papado del Cardenal Ratzinger. La Guardia Suiza cerró el portón principal del Castillo de Castelgandolfo en completo silencio ante la atenta  mirada de los que ahí se congregaron para ver el fin de un pontificado.
En la audiencia general de ayer, su santidad, el Papa Emérito, me hizo recordar al profeta Jeremías, cuando este cuestiona a Dios sobre su juventud, sobre la experiencia, el profeta llega a decirle al Creador que él no sabe hablar, qué es muy joven, que es un niño. Dios le manda a callar y le dice que Él pondrá las palabras en su boca. Dios cierra esta pequeña llamada de atención con esta frase: “No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte”. Su Santidad ayer mencionó en la audiencia un diálogo similar al de Jeremías: “Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años, acepté asumir el ministerio petrino, tuve firme esta certeza que siempre me ha acompañado. En aquel momento, como ya he dicho varias veces, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: "¿Señor, qué cosa me pides?" Es un peso grande el que me pones sobre la espalda, pero si Tú me lo pides, en tu palabra lanzaré las redes, seguro que Tú me guiarás”.   Recuerdo la frase de algunos conocidos míos, “Dios no pone cruces pesadas a espaldas débiles”. Benedicto XVI, tuvo que convivir con  la aún reciente costra del papado de Juan  Pablo Magno. Las comparaciones fueron y vinieron a lo largo de su pontificado. Lo que resaltó de este papado, fue la valentía de Ratzinger de atender a los escándalos de pederastia que aquejan a la iglesia. Se reunió con las asociaciones de familias víctimas de los sacerdotes y pidió perdón por esos pecados de la iglesia. Aunque la curia aún lleve las redes a tapar a los curas que cometen estos actos, que ha denunciarlos y castigarlos. Problemas en la iglesia siempre han existido. Me quedo con un pensamiento que un sacerdote conocido me ha transmitido en estos días de dudas y expectativa: “Si los mismos apóstoles se peleaban delante del Señor” (Hay que recordar cuando Juan y Santiago piden un lugar privilegiado a la diestra del Jefe).
 




Han sido ocho años de papado, de un  Papa que fue maestro, intelectual. De esos bichos raros a decir de Vargas Llosa. La cultura ha muerto. Se empieza a hablar de un Papa joven, de alguien abierto al cambio de la humanidad, tan rápido, tan fugaz, tan inmisericorde ante la sabiduría ancestral y milenaria de nuestros ancianos que se pudren en el olvido y abandono de algunas familias. Ratzinger se retira a orar y a estudiar. Espero personalmente que ha escribir. Ya que ha sido sin duda alguna el Papa maestro. Cada audiencia y cada discurso buscaba enseñar, dar doctrina, dar catequesis a todo aquel que lo escuchaba.
El Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, otro intelectual, que a mi parecer se queda solo en este mundo ante el retiro de Ratzinger, comentaba en el diario “El País” de España, un razonable punto de vista en torno a la figura del ahora Papa Emérito de Roma. Lo primero que quiero resaltar sobre este articulo es: “Juzgar hasta qué punto Benedicto XVI fue acertado o no en este tema es algo que, claro está, corresponde sólo a los católicos. Pero los no creyentes haríamos mal en festejar como una victoria del progreso y la libertad el fracaso de Joseph Ratzinger en el trono de San Pedro. Él no sólo representaba la tradición conservadora de la Iglesia, sino, también, su mejor herencia: la de la alta y revolucionaria cultura clásica y renacentista que, no lo olvidemos, la Iglesia preservó y difundió a través de sus conventos, bibliotecas y seminarios, aquella cultura que impregnó al mundo entero con ideas, formas y costumbres que acabaron con la esclavitud y, tomando distancia con Roma, hicieron posibles las nociones de igualdad, solidaridad, derechos humanos, libertad, democracia, e impulsaron decisivamente el desarrollo del pensamiento, del arte, de las letras, y contribuyeron a acabar con la barbarie e impulsar la civilización”. El laureado escritor encuentra en Ratzinger uno de los últimos grandes ejemplos de cultura, la Iglesia no ha sido solo para la religión, ha hecho que la humanidad se exprese a lo largo de los siglos, este pontificado que ha terminado, es quizás el último que pueda presumir de un gran teólogo. Vendrán más, claro. Pero los que vienen, ya vienen, por lo que se ha visto, con ese estigma del mundo moderno. De los cambios rápidos. De la moderna era que no tiene piedad a todo aquel que se distrae por un  segundo. Nos estamos volviendo tan miserables, tan dependientes de la tecnología que dejamos de lado lo demás. Nos volvemos adictos al trabajo que se antepone a la familia y personas queridas. Luchas por conseguir el poder económico, el dinero que te levante de esa miseria de polvo y angustia que se llama mundo tercermundista. ¿Realmente la renuncia de Ratzinger afecta sólo a los católicos? No será una señal para toda la humanidad de que estamos olvidando lo que somos, a dónde vamos y que pasaría si en algún momento, esta nueva civilización, llamada por Vargas Llosa “Del Espectáculo”, se caiga cual castillo de naipes ante la realidad de que la vida no es dinero. Si fuera así, como dice el gran José Alfredo Jiménez, “la vida no vale nada”. 


El Nobel prosigue: “La decadencia y mediocrización intelectual de la Iglesia que ha puesto en evidencia la soledad de Benedicto XVI y la sensación de impotencia que parece haberlo rodeado en estos últimos años es sin duda factor primordial de su renuncia, y un inquietante atisbo de lo reñida que está nuestra época con todo lo que representa vida espiritual, preocupación por los valores éticos y vocación por la cultura y las ideas”. Decae lo intelectual, no solo en la iglesia. Mi Guatemala asiste al decaimiento de la política nacional. Más aún, después de la clase de payasos y abortos de políticos que hemos tenido. Con precandidatos que violan la ley. Que se atreven a retarle y que miran sicarios y atentados por doquier.

¿Cuándo pensaremos con humildad? ¿Cuándo dejaremos de ver los intereses personales para ver por la nación? A mi parecer todo en este mundo, desde hace unos diez o doce años, es una eterna agonía. Un espiral de destrucción que en Guatemala tiene como bestia apocalíptica a Maldizión y sus papeles de apoyo. El gesto de Benedicto es extraordinario, me demuestra que en este año de la fe, hay que seguir ese camino de esperanza y espinas, el camino de Cristo, ese vía crucis que es ser Católico. Abandona el trono de la Iglesia, abandona el poder con la facilidad de encontrarse mejor en otro lugar, de no aferrarse a ese poder. Dios nos ha hablado en estos días, con la misma fuerza en la que hablaba en el Antiguo Testamento. Hay que servir, hay que servir para ser el primero. El Papa Emérito de Roma, Benedicto XVI, sirvió hasta donde sus fuerzas le apoyaron. Deja una iglesia con problemas, es cierto. Pero deja una barca que se mantiene con fe. Prueba de ello. La repercusión que ha tenido esta noticia. Estoy seguro que en algún momento, Benedicto escuchó al oído la voz de Jesús preguntándole: “Pedro ¿Me amas?”.  En silencio su Santidad  quizás sintió lo que Pedro ante el Señor resucitado aquella mañana mientras el Maestro cocinaba los peces. En silencio respondió: “Si Señor, tu sabes que te amo”. Para luego mirar a la Iglesia y decidir que es tiempo de un  nuevo comienzo, como ha sido cada nuevo Papa.

“Seré simplemente un peregrino que inicia la última etapa de su peregrinaje en esta tierra. Pero quisiera aún, con mi corazón, con mi amor, con mi oración, con mi reflexión, con todas mis fuerzas interiores, trabajar por el bien común de la Iglesia y de la humanidad”. Al igual que usted Santidad. Todos somos peregrinos que inician cada día la última etapa de su peregrinaje.
 




en marzo 02, 2013 No hay comentarios:
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domingo, 17 de febrero de 2013

¿A dónde vas peregrino?






Me imagino que el escultor Salvador Posadas, no se imaginó en ningún momento el amor, la pasión y dulzura que despierta la mirada de su Nazareno. Sus ojos, su  mirada, fija y atenta al peregrino, reboza dulzura, fortaleza y sobre todo paz. Acongoja ver esa mirada fija, ese rayo de luz, de amor que atraviesa los corazones y desata la conversión. ¿A dónde vas peregrino?  Parece preguntar con sus labios entre abiertos.
Este fin de semana ha sido el primero de siete semanas que abarcan la cuaresma y la Semana Santa de este año. En nuestra Guatemala primaveral, la eternidad de la Semana Santa y todo lo que ella encierra ha iniciado. El cortejo solemne del jueves del silencio en la capital del país, llevado este año mágicamente a la población por la televisión nacional (Me permito felicitar a la televisión nacional por los 30 años de cobertura ininterrumpida de nuestra Semana Santa, que nos distrae y nos llena de esperanza en estos días en que el ángel de la muerte parece estar desatado)



El primer viernes en nuestra ciudad se celebra en la parroquia de El Calvario. En la zona 1. La iglesia que en mi niñez llamaba, “la parroquia de los muertos”, al estar ubicada en la frontera del cementerio general. La romería (a la que tengo años de no asistir), es dedicada a la bella y milagrosa imagen del “Señor de las tres caídas”. Después de dos años de viajar a la ciudad capital por razones de estudio, este viernes, me quede en la ciudad por el honor que me concedió la hermandad de Jesús Nazareno de San Juan de Dios, al conducir el concierto de marchas fúnebres realizado en el templo. La feria del primer viernes, además de alegre y pintoresca, creo que es un reflejo fiel de nuestras tradiciones. Lagarto, pescado, pupusas, garnachas, buñuelos, discos de música, películas a cinco quetzales, infinidad de juguetes, caña, platos y trastes de barro. Todo ubicado en la avenida que si mal no estoy, lleva el nombre de Sinforoso Aguilar. Entrar a la iglesia es algo extraordinario. Se medita ante la imagen de un Nazareno sin  cruz, joya antigua de la iglesia y olvidado en un camarín. Luego se llega a la reina del sábado santo en Xela, Nuestra Señora de la Soledad. Avanzamos y llegamos ante el Señor de las Tres Caídas. Quien recibe a peregrinos de distintos lados del país. Me emociona ver cómo esta tradición sigue presente en  la ciudad, aunque considero, que gracias al consumismo, está perdiendo un poco la verdadera razón de ser, la romería del primer viernes. 


 Por la noche, llegué al templo del antiguo hospital, para sorpresa mía sin luz, pude compartir momentos después con los maestros de la banda que engalanó el concierto. Para mí en especial fue algo hermoso y único, un hermoso recuerdo que llevo en el corazón.   El nombre del Maestro Joaquín Vega Ortiz, lo llevaré por siempre en el corazón. Conduje el evento de la mejor manera y dando lo mejor de mí. Pedí al Señor que me llevara y pusiera las palabras en mí. En una iglesia en la que al inicio todos corrían por la falta del fluido eléctrico, arreglada por una planta de energía que sacó de apuros el evento. La banda de solistas ha sido un regalo para la gente que acompañó el evento. El programa fue extraordinariamente elegido por Roberto Alexander Nimatuj, Vicepresidente de la hermandad y propietario del Calendario Fe y Devoción Quetzaltenango.  Dos momentos marcaron mi noche de conductor, el primero fue sin  duda alguna escuchar la marcha “San Nicolás”, marcha oficial de la hermandad del Señor Sepultado de San Nicolás. Y el segundo, fue ser testigo privilegiado del estreno de la marcha “Llena de Gracia” del maestro Joaquín Vega.  Extraordinaria, con un ritmo impresionante y la capacidad de arrancar más de algún suspiro y lágrima entre  los asistentes. Para mí fue un gran honor conocer al maestro Joaquín Vega y escuchar de primera mano, su última marcha, que cabe resaltar fue dedicada a la Dolorosa del templo.



Mi Quetzaltenango en  temas de cuaresma, es algo atípica. Carecemos de los grandes cortejos de Domingos de Cuaresma que presume la capital y la Antigua Guatemala. Pero tenemos nuestra solemnidad y devoción particular para la Semana Santa. Digo esto, porque usted querido lector, si asiste a la ciudad capital o a la Antigua Guatemala, encontrará siempre razones para recordar, que está en el tiempo cuaresmal.  Aquí en Xelajú, la noche de ayer sábado, fueron contadas las personas que acompañaron al Nazareno de San Juan de Dios en su velación, en su huerto. Como digo, los de la foto, aquellos bichos raros que estamos siempre pendientes de las procesiones, los cucuruchos de verdad, los que contamos los días para la cuaresma y la Semana Santa. Los que vivimos este tiempo, en plenitud. Soy testigo del esfuerzo titánico de la Hermandad de San Juan de Dios por llevar, engrandecer, enaltecer y fortalecer el culto a la imagen del Nazareno rubio.



La procesión del día de hoy, fue apoteósica, magna, solemne y concurrida. La gente respondió al llamado del Señor. La salida fue solemne, en completo silencio. Mismo que al asomar la rubia imagen por el pórtico de la iglesia, fue roto por el llanto jubiloso de la ambulancia del cuerpo de bomberos voluntarios. A los pies del Maestro, iniciamos nuestro recorrido cuaresmal, piadoso, meditando y orando. Más en estos días por la iglesia católica, que se encuentra en un  evento único en su historia. La renuncia de Benedicto XVI.
Al mismo tiempo que mi amado Jesús del Consuelo recorría las calles de su barrio recolecto, nuestro amado “Canchito” salía en la capital de Los Altos, para recordarnos que es el tiempo de cuaresma. Cristo mismo, Cristo Eucarístico, al que por fe vemos en las distintas imágenes que estos días recorren nuestras calles, barrios y ciudades; nos sale a recordar el sacrificio más grande de la historia humana. Nos sale a bendecir. Sale a reclamar con esas miradas de dolor, de consuelo y de esperanza, el odio, la angustia, la guerra, la muerte y el desamor que vive nuestra Guatemala.
¿A dónde vas peregrino? Si la cuaresma ha empezado. A los pies del Maestro o de la Reina. A los pies de Dios vamos caminando pidiendo por nuestras vidas, familias, patria y sueños. El ángel que cerraba el adorno del “Canchito” abrazaba la bandera de la iglesia. Recordando que debemos abrazar a la iglesia, aun con los errores humanos de los curas; con las mismas trabas que algunos párrocos ponen para evitar la veneración y celebración de la Semana Santa guatemalteca. Esperar y creer. Como lo recordaba la imagen recolecta, el nazareno de la dulce mirada. “Conozco sus obras”. Me imagino la ternura y compasión que despiertan en el corazón de Jesús estas muestras de amor, de devoción. Pero me atrevo a imaginar, que él piensa, que debería ser todo el año, ese amor, esa esperanza, esa meditación, que a la larga evitaría muertes, odios y guerras.



Tiempos difíciles nos ha tocado vivir. Siempre. La humanidad siempre ha vivido en dificultad, pero él vino y murió, para que entre toda la sangre, la humillación y el silencio, brotara la semilla de mostaza, que nos inspira a tener fe.
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en febrero 17, 2013 No hay comentarios:
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miércoles, 13 de febrero de 2013

La Ceniza de los tiempos.



¿Qué seguridad puedo tener si algún día Manuel Maldizión llega al poder de respetar la ley si a día de hoy no respeta la Ley Electoral y de Partidos Políticos? 

Me siento como el grito de Munch... al ver a mi país.

Contemplo atónito cómo nuestro Tribunal Supremo Electoral débil, magullado y olvidado, trata de poner orden en este caos al que día a día llamamos Guatemala. Una voz que grita en el desierto de la legalidad. En donde nuestro Congreso sigue detenido gracias a la bancada de dicho tipo. ¿Qué seguridad hay en que va  a respetar la ley? Si a cada sanción que dicta el Supremo Electoral, el rojo apela y hasta día de hoy sin comprensión alguna, ha ganado las apelaciones. Si usted mi querido lector ha transitado en estas semanas por la carretera inter americana, podrá observar, como desde “Cuatro Caminos” a Nahualá, hay en los paredones de la montaña que custodian la ruta, logos gigantes pintados a mano del partido LIDER. Demandan atención a la ley cuando es su máximo y alucinógeno líder el que llama a no pagar impuestos.  El tipo se mantiene de gira permanente. El pasado fin de semana estuvo en Quetzaltenango, con el diputado tránsfuga que ha visto tres partidos en menos de un año y medio de la nueva legislatura. ¿Qué seguridad voy a tener que el tipo respete la legislación guatemalteca? De por sí amplia e irrespetada. Me aterra de pensar que el tipo este se perfila como el gallo vencedor de la aún lejana contienda electoral. Aunque de llegar a pasar esto, de poder ver cómo el país camina a la anarquía. Estoy seguro que mi Guatemala se levantará con más fuerza.

El problema es que Manuel Maldizión, se aprovecha de las mayorías, su retórica propia de un pastor evangélico, vendiendo sueños imposibles y descabellados. Me atrevo a cuestionar la fuerza de su partido al señalar que sólo veo más presencia de diputados a apoyo de la gente. Misma gente que le saca chiste y que día a día lo escucha atento, hay que aceptarlo, Manuel es un gran Showman. Me da miedo que mi Guatemala caiga en sus manos. Me aferro a que Dios dispondrá, nos iluminará y que la gente no se equivoque en el aún lejano 2015.

En fin, dejemos de lado lo malo para ver lo misterioso. El lunes por la mañana me he levantado con una noticia que me ha hecho temblar y reflexionar. Mi madre me avisó de la renuncia de uno de los teólogos más grandes de este siglo. El Papa Benedicto XVI decidió renunciar al papado. Es extraño. El último Papa que renunció fue en 1415, décadas antes del descubrimiento de nuestro continente. Su Santidad tiene sus razones, acusa al cansancio y al cambio de los tiempos, aunque en los diarios se habla de cosas aun más turbias. Sus intentos por enfrentar los escándalos de Pederastia, las finanzas del Vaticano, problemas más, problemas menos; justamente hoy, Miércoles de Ceniza, inicio de la Cuaresma Católica. Su Santidad parece confirmar los graves problemas internos de la curia romana. Ha señalado en su homilía: "El rostro de la Iglesia aparece muchas veces desfigurado. Pienso en particular en las culpas contra la unidad, en las divisiones del cuerpo eclesial". Benedicto XVI conquistó mi corazón no con los abrazos, los gestos y mimos a los que nos tenía acostumbrados Juan Pablo II Magno. Lo conquistó en base a su primera encíclica, la famosa “Deus caritas est”. En donde logra exponer los tres llamados niveles de amor, el Eros, el Ágape y el Philia. Ver cómo acontecimientos de nuestra vida diaria tienen tanta similitud con conceptos comunes de las enseñanzas del evangelio, confrontar nuestra forma de pensar, una forma de vivir.

El Papa logró hacer teológico el amor. Enseñar. Fue un Papa maestro, un catedrático. Papado frío han dicho, pero ha  sido muy rico en su teología. He dicho, problemas más, problemas menos; errores que su condición humana no han podido corregir. Ha tenido que cargar la cruz de la sombra de Juan Pablo II y las comparaciones a lo largo de su pontificado. Sombra que cargará en menor medida el sucesor de un cónclave que nos regalará un nuevo Papa en Marzo. Se ha dignificado la cátedra de Pedro con la humildad de reconocer los límites de las personas, un acto de amor, tal como su primera encíclica. Hay que recordar que éste es el año de la fe. 



A todo esto, hay que seguir luchando, creyendo, aferrándose a las ideas, a la religión, al amor. Hay que buscar la verdad. Hay que vivir día a día con la fuerza de los titanes. El mundo nos está regalando sorpresas extrañas. Insisto en que la literatura ha  estado ahí desde siempre. Por eso escribimos. La pregunta es ¿A dónde vamos a parar?




 La jacaranda ya está en flor, las puertas de las iglesias, parroquias y templos está a punto de escupir la dulce niebla del incienso que antecede al paso de las procesiones. Los Nazarenos y Dolorosas volverán a caminar junto al pueblo guatemalteco, que  encuentra consuelo en el Cristo doliente. Reflejo mismo de la realidad de un país. Y a todo esto, parafraseo a don Tito Monterroso respecto a las dudas de la institucionalidad de la iglesia con su famoso, hermoso y extraordinario cuento: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí."
en febrero 13, 2013 No hay comentarios:
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Eleázar Adolfo Molina
Viajero constante de los valles y las sierras de Guatemala. Enamorado eterno de las estrellas y la poesía. Poeta y narrador sin disciplina. Liberal. Profesor en Literatura y Ciencias Sociales. Amante de la historia. Apasionado del fútbol. Soñador y luchador incansable. Cofundador de Diario de Los Altos. Miembro de Testosterona Literaria.
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